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Mejor curso de fotografía básica para principiantes con cámara Fujifilm

Mejor curso de fotografía básica para principiantes con cámara Fujifilm

Son casi las seis de la tarde y el vapor de mi té de cedrón empaña el visor de la Fujifilm X-T20 que todavía siento que no es mía. Afuera, la luz de Cuenca se está poniendo de ese tono azulado frío que baja desde el Cajas y, en mi mesa de trabajo, los empaques que ilustré esta semana se ven como manchas oscuras en la pantalla. Es frustrante. Llevo tres años con este cuerpo prestado y un lente fijo de 35mm que terminé de pagar a plazos hace poco, pero sigo sintiendo que la cámara me habla en un idioma que no entiendo. Esa punzada de impostora al pensar que soy solo una ilustradora jugando a ser artista con un equipo que ni siquiera es mío aparece siempre que el dial de exposición no hace lo que yo quiero.

Lo cierto es que, para quienes venimos del mundo del dibujo o el diseño, la cámara a veces se siente más como un obstáculo técnico que como una herramienta creativa. A finales de octubre pasado, decidí que ya no quería simplemente "atinarle" a la foto. Quería tomar decisiones con la cartera puesta sobre la mesa, sabiendo en qué invertía mi tiempo de los domingos. Así fue como llegué a Hotmart y, después de dar vueltas por varios talleres que parecían manuales de física cuántica, me quedé con uno que hablaba mi idioma: de-cero-a-crack-fotografia.

Por qué este curso funciona cuando tienes una Fujifilm entre manos

Si tienes una cámara de esta marca, sabrás que no es como las demás. No son bloques de plástico negro llenos de menús digitales infinitos; son máquinas que intentan recordarnos la época del rollo. La X-T20, con su sensor X-Trans CMOS III de 24.3 megapíxeles, tiene diales físicos para casi todo. Y ahí es donde la mayoría de cursos de fotografía básica fallan: te enseñan a mover rueditas genéricas que tu cámara no tiene de la misma forma.

Primer plano de los diales físicos de una cámara Fujifilm X-T20 sobre madera.

Durante las vacaciones de navidad, mientras todos estaban en cenas, yo me encerré a ver los primeros módulos. Lo que me atrapó de este curso fue que no empezó con el bendito triángulo de exposición que te marea con números. Empezó con la mirada. Para alguien que vive de trazar líneas y rellenar áreas planas, entender la luz como una mancha de acuarela fue la clave. En el curso, el instructor desglosa los conceptos de una forma tan visual que mi cerebro de ilustradora finalmente hizo clic. No me importa la física de los fotones; me importa cómo esa luz golpea la textura del papel de mis etiquetas.

Aprendí que mi lente de 35mm, que en esta cámara APS-C equivale a unos 52.5mm —lo que llaman un lente normal—, es perfecto para lo que hago porque no deforma mis dibujos. Pero claro, para llegar a esa conclusión tuve que pasar por el módulo de óptica que, por primera vez, no me hizo sentir que estaba en clase de matemáticas de la secundaria.

La maestría empieza por el color, no por los botones

Aquí es donde entra mi opinión impopular, algo que el curso reforzó y que me cambió la vida: olvida los ajustes manuales al inicio. Todo el mundo te dice que si no disparas en manual no eres fotógrafa. Mentira. La verdadera maestría con Fujifilm comienza dominando sus simulaciones de película para entender la luz antes de tocar el triángulo de exposición.

Un domingo lluvioso de marzo, me puse a probar la simulación Classic Chrome que explicaban en una de las lecciones aplicadas. Es una estética que reduce la saturación y endurece las sombras, muy parecida a las paletas de colores que uso en mis ilustraciones editoriales. En lugar de pelearme con el ISO o la apertura, me enfoqué en cómo esa simulación reaccionaba a la luz que entraba por mi ventana.

Pantalla de laptop mostrando paletas de colores de simulación de película Fujifilm.

Entender el color antes que la técnica pura me dio la confianza para luego sí, mover el dial. El clic metálico y seco del dial de compensación bajo mi pulgar derecho mientras la luz de la tarde desaparece tras el Cajas se convirtió en un gesto natural. Ya no era miedo; era ajuste. Si la foto de mis tarjetas de presentación se veía un poco lúgubre, un giro hacia el +1 y listo. El curso te enseña a usar la tecnología a tu favor, no a ser esclava de ella.

Si estás empezando a fotografiar tus propios trabajos, quizás te sirva revisar lo que escribí sobre mejores accesorios de iluminación para fotografía de producto en casa, porque a veces una buena lámpara y el curso correcto ahorran horas de edición frustrante.

Navegar Hotmart entre entregas de packaging

Mi rutina es simple: trabajo de lunes a viernes en rotulación y logotipos. Los sábados son para los mandados en el mercado y limpiar el estudio. Pero los domingos son sagrados para aprender. He terminado cuatro cursos completos en la plataforma, pero este de fotografía es el único que vuelvo a ver cuando tengo un encargo difícil.

Una de las ventajas que más agradezco, viviendo en una zona donde el internet a veces decide tomarse una siesta cuando llueve fuerte, es que Hotmart permite descargar las lecciones para verlas sin conexión. Me bajé todo el módulo de composición y me lo llevé en la tablet a un café cerca de la Catedral un jueves que se fue la luz.

Tablet mostrando la interfaz de Hotmart con módulos de un curso de fotografía.

¿Qué hace que este sea el mejor curso para alguien con una Fujifilm? La practicidad. El sistema de autoenfoque híbrido de mi cámara tiene 91 puntos de enfoque, y yo antes solo usaba el del centro porque me daba pánico cambiarlo y perder el momento. En el curso explicaron cómo seguir objetos (o mis manos mientras dibujo) de una forma tan sencilla que ahora mis videos de proceso para redes sociales ya no salen borrosos.

No todo fue perfecto, claro. Hubo un curso de retrato que abandoné en la primera semana porque el instructor se pasaba media hora hablando de marcas de flashes carísimos que yo no voy a comprar nunca. En cambio, en "De cero a crack", se nota que el enfoque es: usa lo que tienes, pero úsalo bien. Eso, para alguien que cuida el presupuesto doméstico como yo, vale oro.

De la servilleta al visor: el ojo de ilustradora

Hace apenas unas semanas, una clienta me pidió que, además de la identidad visual de su tienda de café, le hiciera unas fotos para su menú. Hace un año habría dicho que no, muerta de vergüenza. Esta vez, saqué la X-T20, configuré el balance de blancos como aprendí en el módulo de luz natural y busqué los ángulos que mejor resaltaran el diseño de las tazas.

La fotografía, al final, es como dibujar con luz. Si sabes dónde poner la línea de horizonte en un papel, sabes dónde ponerla en el visor. El curso me ayudó a tender ese puente. Dejé de ver la cámara como un aparato de ingeniería y empecé a verla como un pincel con botones.

Vista a través del visor de una cámara encuadrando un producto de café.

Para quienes vendemos cosas hechas a mano, la presentación lo es todo. A veces pasamos horas perfeccionando un producto y luego le tomamos una foto terrible con el celular que no le hace justicia. Por eso, además de la técnica, me sirvió mucho ver ejemplos de fondos de fotografía para productos hechos a mano con estilo minimalista, que combinan perfecto con la estética limpia que te enseñan a buscar en este tipo de formaciones online.

¿Vale la pena la inversión de tiempo y dinero?

Mira, el precio del curso es casi lo que me cuesta una mensualidad de internet aquí en Cuenca o un par de salidas a comer fuera. Si lo comparas con lo que cuesta un taller presencial en una academia de arte, es una ganga. Pero lo que realmente importa no es el costo, sino el ruido que te quita de la cabeza.

Antes, cada vez que tomaba la cámara, sentía una ansiedad sorda. ¿Estará bien el ISO? ¿Por qué sale movida? Ahora, aunque sigo sin autodefinirme como fotógrafa —esa palabra todavía me queda grande—, me siento una aficionada con criterio. Sé por qué mi sensor de 24.3 megapíxeles a veces sufre con poca luz y sé cómo compensarlo sin entrar en pánico.

Si estás en ese punto donde tu cámara está cogiendo polvo porque te intimida, o si eres como yo y tienes una prestada que quieres honrar usándola bien, dale una oportunidad a este camino. No necesitas ser una experta en óptica para tomar fotos que cuenten una historia. Solo necesitas un té de cedrón, un domingo tranquilo y alguien que te explique las cosas sin tanta pose.

Fotografías impresas de productos y calles de Cuenca sobre una mesa de madera.

Al final del día, la fotografía me ha dado algo que la ilustración a veces me quita: la capacidad de observar el mundo sin tener que intervenirlo. Solo mirar, ajustar el dial, sentir el clic y saber que, por un segundo, capturé la luz exactamente como la imaginé en mi cuaderno de bocetos. Y si te interesa mejorar cómo presentas tus trabajos, siempre puedes echarle un ojo a algunos cursos de composición fotográfica para vender productos en redes sociales, que son el complemento ideal para cerrar el círculo creativo.

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