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Trucos de iluminación natural para mejorar tus fotos de marca personal

Retrato de marca personal con luz natural lateral de ventana, ejemplo de trucos de iluminación con Fujifilm X-T20

f/2. Ese número —no la marca de la cámara ni el modelo del lente— fue lo que separó una foto de aretes que se veía de marca personal profesional de una que los perdía contra un fondo plano y sin gracia. La primera vez que abrí el diafragma al máximo con el fijo de 35mm montado en mi Fujifilm X-T20 prestada, el fondo detrás de los aretes de la clienta se deshizo en un borrón suave, y ahí entendí algo que ningún tutorial suelto me había explicado con esa claridad: la luz natural de una ventana no rinde igual con cualquier apertura. La fotografía de retrato para marca personal no se trata de tener más luz, sino de decidir cuánta dejar entrar y por dónde apuntarla.

Antes de llegar a ese número copié, casi al pie de la letra, la configuración de exposición de una foto que encontré en Pinterest, convencida de que repetir los mismos ajustes me iba a dar el mismo resultado. Salió sobreexpuesta y plana, sin ningún parecido con el original —esa foto se tomó bajo un sol que no tiene nada que ver con la luz que entra por mi ventana en la sierra, y ningún ajuste copiado a ciegas iba a arreglar esa diferencia—. Después de ese intento fallido empecé a prestarle atención real a de dónde viene la luz, no solo a qué botones tocar.

Luz natural lateral contra luz de frente en un retrato de marca personal

Poner a alguien de frente a la ventana parece la opción obvia, y es la que casi todas probamos primero. El problema es que esa luz aplana la cara: no hay transición entre la parte iluminada y la sombra, así que el retrato pierde volumen y termina pareciendo una foto de carnet. Girar a la persona de perfil hacia esa misma ventana cambia todo, porque ahí sí aparece un degradado entre luz y sombra —algo parecido a cuando en ilustración pasas de un área plana a una zona con volumen para que un objeto deje de verse como una silueta recortada—. Ya expliqué en otra entrada, con más calma, cómo aprovechar la luz natural sin gastar en equipo caro; aquí me quedo solo con la comparación que más preguntas me hacen las lectoras: lateral o frontal.

Luz natural lateral entrando por una ventana e iluminando una cámara Fujifilm sobre un escritorio, truco de iluminación para fotos de marca personal

Uso luz frontal cuando busco un catálogo neutro, sin drama, como una foto de producto plana contra un fondo blanco —si lo que fotografías es solo el producto y no una persona, la cámara que te conviene comprar es otro tema, que ya cubrí aparte pensando en quien ilustra o vende piezas chiquitas—. Giro a lateral casi siempre que la persona detrás de la marca necesita mostrar carácter y no parecer una ficha de identificación. No hay una que sea "la correcta"; hay una que responde a lo que estás vendiendo esa semana.

Hora dorada o mediodía nublado para la luz de la sierra

Todo blog de viaje jura que la hora dorada es insuperable. Para quien trabaja desde la casa y paga sus cursos a plazos, esperar a que el sol baje al ángulo perfecto no siempre es opción —y en la práctica, para un retrato de marca personal, prefiero el mediodía nublado de Cuenca antes que esa luz naranja de las cinco de la tarde—. Los días que el cielo se cierra sobre El Barranco, a orillas del río Tomebamba, esa misma luz plana y pareja que se ve afuera es la que quiero meter en un retrato de interior: las nubes trabajan como un softbox gigante, sin sombras duras bajo los ojos, sin ese tono amarillo que a veces le cambia el color a la ropa o al producto que estás mostrando.

Cielo nublado sobre las montañas de Cuenca funcionando como luz natural suave y difusa para retratos de marca personal

Con el lente fijo de 35mm y su apertura máxima en f/2, un cielo nublado es aliado: abro el diafragma al tope, dejo entrar esa luz suave y el fondo se desenfoca solo, sin que el sol tenga que pegarme de frente en la cara. Hubo un módulo de un curso de Hotmart que tuve que pausar dos veces porque el audio se cortaba justo cuando el instructor explicaba la relación entre apertura y luz disponible en un día así; esa explicación es la que me quitó el miedo al modo manual. De ese mismo curso dejé de recomendar el bloque introductorio completo —las primeras clases se van en historia de la fotografía y la cámara recién aparece en la cuarta, y para quien paga internet en Cuenca y quiere resultados el fin de semana siguiente, ese ritmo no rinde—. Si algún término de esos te suena a jerga sin sentido, tengo aparte un glosario básico para no frenar cada dos líneas a explicar qué es la apertura o la reciprocidad.

El cartón pluma le gana a la lámpara de escritorio

Hubo un momento, viendo ese mismo curso, en que el instructor habló de rellenar sombras y pensé de inmediato en flashes caros que no estaban en mi presupuesto. La solución real fue mucho más barata: un pedazo de cartón pluma blanco, de esos que se compran en cualquier papelería para maquetas, puesto justo fuera del encuadre, del lado contrario a la ventana. Ese cartón rebota un poco de luz hacia el lado oscuro de la cara y rescata detalle donde antes solo había negro.

La lámpara de escritorio amarilla que tengo a mano para cuando trabajo de noche no hace ese trabajo —la probé una vez para un bodegón y la piel de la clienta quedó con un tinte naranja que le cambiaba el color a toda la paleta de la marca, algo que ningún ajuste posterior arregla sin perder calidad—. El cartón no le agrega color a nada: solo devuelve la misma luz de ventana que ya estaba entrando, más suave y sin gastar batería. Se lo comenté una vez a Renato Ponce, mi vecino que también compra sus cursos los fines de semana: él lleva años en Lightroom y dice que los módulos de edición de los cursos para principiantes le quedan cortos, así que salta directo a los de luz y composición. Ese tema de composición para vender en redes sociales lo dejé aparte, en otra comparativa completa de cursos, porque merece su propio espacio y no una mención de pasada.

Cartón pluma blanco como reflector casero para rellenar sombras en un retrato de marca personal con luz natural

Decidir si vale la pena pagar otro curso de iluminación

Andrea Camacho, una lectora que llegó al sitio buscando comparativas de cursos de Hotmart, me preguntó cuánto salía cada hora de contenido de un curso de luz frente a comprar un reflector y aprender por prueba y error. Con presupuesto ajustado esa cuenta le importa más que las estrellas que tenga el curso en la página de ventas, y tiene razón en preguntarlo así. Cómo evaluar un curso de Hotmart antes de pagarlo completo es tema para otra entrada aparte; aquí solo cuento qué módulo de luz natural me sirvió de verdad y cuál no.

Mi respuesta después de comparar varios cursos es esta: si ya sabes leer dónde cae la sombra y solo te falta encuadrar con intención, un curso completo es gasto de más —con un cartón pluma y la ventana que ya tienes en casa te alcanza—. Pero si todavía dependes del modo automático y no distingues por qué una foto funciona y otra no, ahí sí conviene pagar un curso que te explique la técnica en vez de seguir adivinando frente a la ventana; sobre eso escribí con más detalle en cómo pasar de aficionado a experto con un curso de fotografía profesional. Lo que sí sostiene cualquier curso, barato o caro, es practicar seguido —armar una rutina de práctica en casa los fines de semana es otro tema que ya desarrollé aparte, pero sin esa constancia ningún módulo se queda—.

La decisión real, cada vez que tengo que fotografiar algo nuevo, depende de una sola pregunta: ¿qué necesito mostrar esta vez, un producto quieto o una persona con carácter? Para lo primero, frontal, mediodía nublado y listo. Para lo segundo, lateral, cartón pluma y el diafragma abierto al máximo. La cámara prestada sigue siendo la misma; lo que cambia es la decisión antes de apretar el botón.

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