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Ventajas de usar un lente fijo 35mm para fotografía de producto

Ventajas de usar un lente fijo 35mm para fotografía de producto
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Afuera, la neblina de Cuenca se ha sentado sobre los tejados de teja y yo estoy aquí, peleando con una etiqueta de papel artesanal que no se deja querer. El visor de la Fujifilm X-T20 que me prestaron es lo único que me mantiene enfocada; es como si al pegar el ojo a ese cuadrito de vidrio, el ruido de los pendientes y las facturas por cobrar se apagara de golpe. Hace unos seis meses que decidí dejar de usar el zoom que venía con la cámara y pasarme a un lente fijo de 35mm que pagué en tres cuotas, y lo cierto es que mi mesa de trabajo de ilustradora ya no volvió a ser la misma.

Antes de seguir contándote cómo este pedazo de vidrio cambió mis entregas de packaging, un aviso honesto: en este blog, los cursos que menciono tienen enlaces de afiliada de Hotmart. Si decides inscribirte en alguno, ellos me dan una comisión y a ti te cuesta exactamente lo mismo. Solo hablo de lo que yo misma he pagado y estudiado en mis domingos de té de cedrón —como el curso de De cero a CRACK en Fotografía—, porque si algo he aprendido es que en esto de la foto, si una oferta suena demasiado milagrosa, mejor guarda la billetera y lee primero una reseña de alguien que ya se haya equivocado antes.

De la servilleta al visor: Por qué solté el zoom

Yo me gano la vida dibujando identidades visuales que a veces nacen en una servilleta de cafetería. Pero cuando toca entregar el packaging final a las tiendas del centro, las fotos con el celular siempre me dejaban una sensación de 'casi pero no'. Parecía que mis cajas y frascos se deformaban, como si les hubiera pasado un rodillo encima. A finales de marzo, después de terminar un módulo sobre composición en mi curso dominical, entendí que el problema no era mi pulso, sino que estaba tratando de abarcar demasiado con un lente que hacía todo a medias.

Primer plano de un empaque de papel artesanal junto a un lente fijo de 35mm

Comprar un lente fijo, de esos que no te dejan acercar o alejar la imagen moviendo la mano, me obligó a mover los pies. En ilustración, si quiero que una línea tenga más peso, presiono más el lápiz; con el 35mm, si quiero que el producto tome protagonismo, tengo que acercarme físicamente a él. Esa limitación, que al principio me pareció una molestia, terminó siendo mi mejor herramienta para entender el espacio. Es como trabajar con una paleta de colores limitada: te obliga a ser más creativa con lo que tienes.

La magia del 1.5x y el ángulo 'normal'

Aquí es donde la cosa se pone interesante para las que, como yo, no somos expertas en física. La X-T20 tiene lo que llaman un sensor APS-C. Según lo que aprendí en las tutorías del curso, esto significa que hay un factor de recorte de 1.5x. En palabras sencillas: mi lente de 35mm en realidad se comporta como uno de 52.5mm si lo comparamos con esas cámaras gigantes que usan los profesionales de estudio.

¿Y por qué te cuento esto? Porque esos 52.5mm resultantes son lo más parecido a como vemos los humanos. No hay esas distorsiones raras en las esquinas que hacen que una botella de mermelada parezca un balón de fútbol. Para una ilustradora, esto es vital. Si yo diseñé una etiqueta con ángulos rectos y una tipografía equilibrada, quiero que en la foto se vea exactamente así. El 35mm respeta la geometría de mi trabajo de una forma que el lente de kit nunca pudo. Si estás pensando en dar el salto, te recomiendo leer sobre qué cámara comprar para fotografía de producto si eres ilustrador, porque entender tu equipo es la mitad de la batalla.

Laptop mostrando un curso de Hotmart junto a una pequeña figura de cerámica

El clic metálico y la apertura f/2

Hay algo sensorial en el uso de un lente fijo de buena calidad. El Fujinon 35mm que tengo tiene un dial de apertura que hace un clic metálico cada vez que lo giras. Una tarde lluviosa de mayo, mientras el vapor de mi té de cedrón empañaba ligeramente el visor, me di cuenta de que ese sonido me daba seguridad. Estaba decidiendo cuánta luz dejar pasar, no dejando que la cámara lo hiciera por mí.

La apertura máxima de f/2 es mi salvación en los días grises de Cuenca. Me permite separar el producto del fondo, creando esas áreas de desenfoque suave que en ilustración llamaríamos 'manchas de color' sin detalle, para que el ojo se vaya directo a lo que importa. En el curso de De cero a CRACK en Fotografía, por fin entendí que no necesito mil luces de estudio si tengo un lente que sepa aprovechar la claridad que entra por mi ventana colonial. Es la diferencia entre una foto plana y una que tiene volumen.

Mano ajustando el anillo de apertura f/2 en un lente de 35mm

Cuando el 35mm te dice 'hasta aquí llego'

Pero no todo es color de rosa, y aquí es donde mi honestidad de comadre sale a flote. Si lo tuyo es la joyería minúscula o productos que requieren un nivel de detalle microscópico, el 35mm te va a frustrar. Me pasó intentando fotografiar unos aretes de filigrana muy finos de una artesana local. Por más que me acercaba, la cámara no lograba enfocar. Terminé viendo solo manchas borrosas porque no había entendido la distancia mínima de enfoque de mi lente.

El 35mm no es un lente macro. Si intentas forzarlo para cosas muy pequeñas, vas a terminar recortando tanto la foto en la computadora que perderás toda la nitidez. Para esos casos, o necesitas un lente específico o mucha paciencia y trucos de edición que puedes aprender en los mejores cursos de retoque fotográfico profesional para marcas locales. Para mis cajas de café y botellas de licor artesanal, el 35mm es perfecto; para un anillo de compromiso, es como intentar dibujar un retrato con una brocha de pared.

La rutina del domingo y la cartera sobre la mesa

A mis treinta y dos, ya no tengo tiempo para perder en tutoriales de YouTube que no van a ningún lado. Por eso me aferré a mis rutinas para aprender fotografía en casa durante los fines de semana. Terminar cuatro cursos completos me ha dado la confianza de sentarme frente a una clienta y no solo entregarle un logo, sino también las fotos de su primer lote de productos.

Pantalla de cámara mostrando una foto desenfocada de aretes de filigrana

Todavía me pasa que, al momento de cobrar mi primera factura que incluye el servicio de foto, tengo ese monólogo interno: 'Gabriela, no eres fotógrafa, solo eres una ilustradora que sabe apretar un botón'. Pero luego veo los resultados, veo la nitidez que me da el lente fijo y la coherencia de la luz natural, y me doy cuenta de que las etiquetas se ven mejor que nunca. No necesito un título de una escuela de arte en Francia; necesito herramientas que no me fallen y el conocimiento para usarlas sin miedo.

¿Vale la pena la inversión para una aficionada?

Si estás como yo, midiendo cada gasto y pensando si ese dinero no debería ir mejor a una suscripción de Adobe o a nuevos pinceles, te diría que el 35mm fijo es la compra más sensata que puedes hacer después de conseguir la cámara. Es un lente que te enseña a mirar. Al no tener la muleta del zoom, aprendes sobre distancia focal y perspectiva casi por instinto.

Para quienes buscan algo más económico para empezar, el curso de Fotografía Profesional es una alternativa que no te deja la cuenta en rojo, aunque yo sigo siendo fiel a la profundidad que encontré en mi primera elección. Al final del día, lo que importa es que cuando entregues ese trabajo, sientas que la ilustración y la foto tienen la misma alma, la misma calidad que tú le pones a cada trazo.

Factura de servicios de ilustración y fotografía junto a una foto de producto impresa

La neblina ya se disipó un poco y por fin logré la toma que quería de la etiqueta artesanal. El 35mm capturó hasta el grano del papel sin deformar la caja. Si estás lista para dejar de pelear con tu equipo y empezar a tomar decisiones con intención, dale una oportunidad a un lente fijo y, sobre todo, no dejes de estudiar. Yo te espero el próximo domingo, con el té de cedrón listo, para seguir compartiendo lo que voy descubriendo en este camino de mirar por el visor.

Si quieres dar el paso definitivo y dejar de adivinar por qué tus fotos no salen como las imaginas, te recomiendo empezar por donde yo lo hice: el curso De cero a CRACK en Fotografía. Es la inversión que me quitó el miedo a la cámara prestada y me permitió cobrar lo que mi trabajo realmente vale.

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